La informalidad laboral en Latinoamérica
Publicado: 26 de abril de 2023El trabajo informal es uno de los mayores flagelos de Latinoamérica. Se trata de un fenómeno estructural que delata los desafíos económicos que tiene la región. Las desigualdades socioeconómicas, étnicas, de género, raciales y sobre todo territoriales son las causas principales de esta problemática, explica el estudio Informalidad en América Latina (CEPAL). La tasa de empleo informal se concentra mayormente en las mujeres (54,3%), los jóvenes (62,4%) y en los mayores (78%). Las zonas rurales (68,5%) son las más perjudicadas.
El término “empleo informal” -también llamado irregular- se refiere a todas las actividades que se encuentran afuera de la regulación fiscal del estado y de las leyes laborales. En general, quienes están inmersos en esta problemática suelen tener trabajos mal remunerados, condiciones laborales precarias, falta de seguro social y una inestabilidad económica constante. Tener un empleo informal es estar a merced de salarios impagos, despidos desprovistos de indemnizaciones ni preavisos, horas extras sin retribuciones y ausencia de beneficios sociales, como licencias por enfermedad o seguros de salud. Un importante caudal de estos trabajadores se encuentra en áreas rurales y en sectores de la construcción o metalúrgicos. Otros son independientes, como es el caso de las trabajadoras del servicio doméstico, los vendedores ambulantes, limpiavidrios, cuidadores de carros, masajistas, mecánicos, entre otros. La precariedad de los empleos pueden además ser un caldo de cultivo para actividades económicas criminales como la trata de personas, el blanqueo de capitales o el narcotráfico.
Los detonantes de la informalidad
Es importante tener en cuenta que el empleo y la pobreza están estrechamente relacionados. Según Roxana Maurizio, Especialista Regional en economía de la Oficina de la OIT para América Latina y el Caribe, aproximadamente un 80 por ciento de los trabajadores pobres están en el marco de la informalidad. Los salarios bajos, los altos índices inflacionarios y la desigualdad -propios de la región- representan un problema mayúsculo. Para el trabajador pobre tener un empleo informal no garantiza la salida de la precariedad, ya que generalmente la situación viene acompañada como fue anteriormente mencionado por la desprotección social, la falta de derechos laborales, la menor productividad y los bajos ingresos. Claudia Coenjaerts, Directora Regional de la OIT para América Latina y el Caribe afirma que quienes trabajan en la informalidad son entre 3 o 4 veces más proclives de ser pobres que los trabajadores formales.
Durante la pandemia, la mayor parte de las pérdidas de empleo e ingresos se registró en el sector informal. La crisis sanitaria puso de manifiesto la situación de vulnerabilidad a la que se enfrentan los trabajadores irregulares. En general carecen de posibilidades para acceder al crédito, a los beneficios fiscales y de salud y al teletrabajo. Tampoco poseen ingresos supletorios en caso de enfermedad o pérdida de empleo.
De acuerdo a una nueva edición del informe Panorama Laboral de OIT, el índice de desocupación disminuyó en 2022 a un 7,2 por ciento, un 0,8% menos que en 2019, antes de la pandemia. Sin embargo, la calidad de los empleos sigue siendo precaria, debido a la inflación que impacta en los salarios y la informalidad. El panorama, según el estudio, es incierto y complejo. Las múltiples crisis -como la continuidad de la pandemia, el conflicto bélico Rusia-Ucrania, la perspectiva de un crecimiento económico bajo, el alto endeudamiento, la presión fiscal- urgen la implementación de políticas para crear empleos formales.
Desde 2020 la recuperación de los puestos de trabajo ha estado traccionada por el crecimiento del empleo informal. Una de cada dos personas ocupadas en la región se encuentra en el ámbito de la informalidad. En definitiva, el índice de personas ocupadas en empleo informal es idéntico o más elevado que antes de la pandemia.
Según el estudio, en varios países de América Latina y el Caribe, la tasa de informalidad en el segundo y tercer trimestre de 2022 fue semejante o incluso superior a la existente en el cuarto trimestre de 2019. Por ejemplo, en Argentina la tasa de informalidad del 45,1 por ciento en el segundo trimestre de 2022 resultó idéntica a la tasa del último cuatrimestre de 2019 y mayor a la del segundo trimestre de aquel año que había sido del 43,8%. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC), a un amplio espectro de asalariados, aproximadamente un 37,4 %, no se les realizaba descuento jubilatorio, o sea carecían de cobertura de la seguridad social. Por su parte, el índice de informalidad en Bolivia en los primeros meses de 2022 superó en un 2% al porcentual de la misma etapa en 2019, algo que en Ecuador fue aún mayor con un 5%.
Factores claves del trabajo informal
Entre los factores que se asocian al trabajo informal es importante mencionar la edad. Según agrega el estudio Informalidad en América Latina (CEPAL), la relación podría representarse con una “U”, es mayor en la juventud, disminuye en las edades intermedias de la vida y vuelve a acentuarse después de los 65 años. A esto se suma el nivel de escolaridad. Cuanto menor es la preparación educativa mayor es la posibilidad de caer en el trabajo irregular.
Otro factor determinante es la territorialidad. América Latina tiene distintas unidades territoriales con evidentes diferencias en cuanto a calidad de vida, recursos y posibilidades. Las áreas rurales son las más desprotegidas. Aquellas que tienen un menor desarrollo socioeconómico, lamentablemente tienen un altísimo nivel de empleos en el marco de la informalidad. La desesperación de los trabajadores por cubrir las necesidades básicas de sus familias, los somete a aceptar situaciones muy desventajosas. Y en este aspecto, no hay que olvidar que cuanto más integrantes hay en el hogar, mayor es el riesgo de caer en la informalidad, ya que muchos trabajadores necesitan un marco flexible para cuidar de sus familias. Esta realidad se potencia en las mujeres. La alta carga horaria de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado las deja sin posibilidad de acceso al mercado formal. Las pequeñas unidades productivas son más propensas al trabajo irregular. Las pequeñas empresas de menos de 5 trabajadores y por ende de baja productividad son proclives a este flagelo.
La informalidad, la educación, el género y la edad.
Está comprobado que el nivel educativo está estrictamente relacionado con la posibilidad de estar en el mercado laboral informal. Esto puede verse claro en una encuesta que realizamos en trabajopolis.bo. A mayor capacitación, mejores oportunidades para acceder a un trabajo formal, algo que según nuestro relevamiento virtual, efectuado sobre 1894 personas entre el 6 y 7 de marzo de 2023, se percibe con mayor profundidad en las mujeres. El 56% de las mujeres encuestadas sin formación universitaria trabaja en el marco de la informalidad, 12 puntos porcentuales por encima de las que tienen preparación profesional. Los jóvenes entre 18 y 24 años son también una franja afectada, y con mayor incidencia en el sexo femenino. Un 70% de mujeres y un 60% hombres encuestados entre 18 y 24 años asegura trabajar en la informalidad.
Al tiempo de hacer un análisis de los resultados de la encuesta, llama la atención que en el caso de las mujeres aún resta mucho por hacer para lograr la equidad de género en cuanto al empleo, ya que todavía hay un 47% que cree no tener las mismas oportunidades que los hombres. Esta opinión es compartida por un 38% de mujeres sin formación universitaria y un 50% de aquellas con preparación profesional.
La encuesta de trabajopolis.bo revela que de los encuestados que tienen un empleo informal actualmente, solo un 45% cree que esta es la única opción para encontrar trabajo. Esto quiere decir que el 55% de los que tienen un trabajo informal, aspira a tener un empleo formal pero acepta temporalmente un trabajo informal. Por otra parte, de aquellos que poseen un empleo formal en la actualidad, solo el 30% cree que esta es la única opción para encontrar empleo. Esto quiere decir que 70% de los que tienen un empleo formal, aspira a seguir teniéndolo, pero a su vez considera que la informalidad podría ser en el futuro una realidad posible o quizás inevitable.
Si bien esta encuesta no es representativa de toda la región, muestra de alguna forma, una tendencia de que la informalidad es una temática que está presente en todos los trabajadores.
Sabemos que más de la mitad de los trabajadores de América Latina se encuentra en el marco irregular. A la cabeza de esta realidad está Bolivia. Según la OIT, tiene la mayor tasa de la región y una de las mayores a nivel mundial. En 2020, por ejemplo, 8 de cada 10 bolivianos se encontraba en la esfera informal. Los países andinos como Ecuador, Perú y Colombia tienen un 60% de trabajadores en la informalidad, cifra que desciende a 47% en Brasil. Chile y Uruguay en cambio, tienen una mejor situación, ya que sus índices de informalidad están por debajo del 30%.
Una realidad que necesita transformarse
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, creados por la Asamblea General de las Naciones Unidas representan un llamado a la acción global para finalizar con la pobreza, cuidar el planeta y salvaguardar la paz y la prosperidad.
El ODS 8, tiene como objetivo promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos en América Latina y el Caribe. En ese aspecto, según un informe de la CEPAL existen en la región 300 millones de trabajadores en situación de pobreza, 200 millones basan su sustento en la economía informal. En ese sentido, entre las metas para 2030, aparece como primordial no solo incrementar el número de empleos, sino además mejorar la calidad del trabajo en la región. También se propone tener en cuenta el fortalecimiento de los derechos laborales y los desafíos que se avecinan como la migración, los avances de la tecnología y las transformaciones en la organización laboral, poniendo especial énfasis en las nuevas formas de informalidad que se desprenden de la economía digital. El ODS 8 invita a la humanidad a promover un modelo empresarial y económico basado en las personas. Para lograrlo es fundamental, entre otras acciones, incrementar la inversión en capacitación y aprendizaje para todos, crear programas especiales para fomentar la igualdad de género, asegurar la garantía laboral universal, permitir la soberanía de las personas sobre su tiempo, encaminar a la tecnología en el rumbo del trabajo honesto, incrementar la inversión en empleo decente y perdurable y potenciar la economía rural. Por último, se propone fomentar la inscripción en los sistemas de seguridad social compartida, con una contribución que no agobie a los empleadores. Esta acción no es solo una manera de evitar riesgos sociales sino también una forma de facilitar la movilidad social.
Erradicar el trabajo informal es uno de los grandes desafíos de Latinoamérica. La protección de las personas es un derecho primordial. La informalidad laboral es el gran bozal de la productividad, del crecimiento económico a largo plazo, y de la calidad de vida de los ciudadanos. Un trabajador irregular no realiza contribuciones fiscales ni tampoco aporta al sistema de seguridad social. Como si se tratara de un círculo vicioso, cuando al estado no recauda hay menos posibilidades para invertir en programas sociales, en sistemas de salud y en pensiones y jubilaciones futuras.
Los gobiernos deben intentan generar políticas públicas destinadas a erradicar la informalidad en cada una de sus vertientes. Para llevarlo a cabo, es clave fomentar la educación y la capacitación constante, porque cuanto más preparado esté un trabajador, menos riesgo tendrá de caer en la informalidad laboral.
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Actualidad laboral