El empleo juvenil en América Latina. Actualidad y futuro

Publicado: 25 de abril de 2023

El mundo de hoy es volátil, incierto, complejo y ambiguo. Los analistas lo llaman el mundo VUCA, se refiere en inglés a las palabras volatilidad, incertidumbre, complejidad, ambigüedad. Es un término cada vez más utilizado en el ámbito empresarial y social. De hecho, se volvió a emplear con más frecuencia a partir de la pandemia, debido a los cambios inimaginables que se produjeron. Es más, en muchos ámbitos se está agregando una letra adicional, la H, en relación a la hiperconectividad, ya que los seres humanos están constantemente conectados a través de diversidad de dispositivos. En ese entorno viven los jóvenes, con sus incertidumbres, sus preguntas y la necesidad de adaptarse a los cambios. Los jóvenes actuales y los que lo serán en el futuro, se adaptan al momento en que viven. A medida que van surgiendo las generaciones, aparecen nuevos sueños e ideales. Inmersas en este contexto, numerosas investigaciones analizan y se preguntan: ¿Cuál es la situación del empleo juvenil hoy? ¿Hacia dónde apunta? ¿Cuáles serán las profesiones del futuro?

Para empezar el análisis, es importante entender por qué la juventud es un momento clave de la vida. Según explica el informe El futuro del trabajo que queremos. La voz de los jóvenes y diferentes miradas desde América Latina y el Caribe, es en esta etapa donde tienen lugar los cambios y transformaciones más importantes que marcarán el futuro de una generación. Es un tiempo donde los hijos se van de la casa paterna, comienzan a vivir solos, empiezan sus estudios universitarios y se lanzan a trabajar o realizar emprendimientos. Estas transiciones ocurren en cada generación y son el comienzo de caminos profesionales futuros.

La realidad juvenil actual

Los jóvenes de hoy, aquellos que nacieron a fines del siglo XX y a principios del XXI están afrontando transformaciones mucho más aceleradas que las vividas por generaciones anteriores. La globalización, la hiperconectividad, la incertidumbre económica, el cambio climático y el aceleramiento tecnológico -que ya se venía produciendo y se incrementó aún más con la pandemia- son solo parte de los cambios a los que se están enfrentando. En Bolivia, por ejemplo, y como menciona el economista Pablo Rossell Arce, se abrieron muchas opciones para la juventud con habilidades y destrezas digitales, incluso a nivel global. A su entender, hay muchas historias de aprendizajes de nuevos oficios a través de herramientas virtuales. Actualmente las formas de organizar el trabajo son otras. El teletrabajo llegó para quedarse, y los jóvenes tienen necesidades y aspiraciones menos estructuradas que las de aquellos que los precedieron, donde la seguridad de un trabajo presencial y un objetivo de crecimiento a largo plazo eran esenciales.

Al realizar un análisis de la situación actual de los jóvenes, es inevitable detenerse en la crisis de la pandemia, un hecho inesperado que marcó un punto de inflexión en la vida laboral de la juventud. Entre 2019 y 2020, los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad tuvieron un porcentual de pérdida de empleo mucho mayor que el de los adultos mayores de 25 años. Fue tan enorme la dificultad de buscar y encontrar empleo en tiempos de cierre y confinamiento, donde las empresas cerraban y padecían pérdidas infinitas de ingresos, que los jóvenes se encontraron fuera del mercado laboral. Por otro lado, la tremenda caída de los ingresos en sus familias, el aprendizaje remoto por parte de las instituciones educativas, hicieron que la posibilidad y búsqueda de capacitación fuera más difícil para muchos. Toda esta realidad generó en 2020 un aumento significativo de Ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), afirma un estudio Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2022, de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Según el informe, las empresas que pudieron sobrevivir a pesar de la crisis intentaron retener a sus trabajadores, pero disminuyeron las contrataciones. Los empleados de menor edad, al no tener tanta antigüedad y contratos más precarios, tuvieron más probabilidades de perder su trabajo.

Si bien la situación después de la pandemia mejoró, las tasas de desocupación en América Latina siguen siendo altas, previéndose que alcancen el 20,5% en 2022. Esta cifra es tres veces mayor que la tasa de los adultos de la región. Más de 10 millones de jóvenes buscan trabajo y no lo encuentran. Además, 6 de cada 10 jóvenes que consiguen empleo se ven obligados a aceptarlos en el marco de la economía informal. Esta realidad suele provocar condiciones laborales muy precarias, falta de protección de leyes laborales, salarios ínfimos y baja productividad. Se estima que unos 20 millones de jóvenes de América Latina no estudian ni trabajan, debido en gran medida a la desmotivación y frustración por la ausencia de posibilidades en el mundo laboral, afirma otra investigación de la OIT llamada Empleo Juvenil en América Latina y el Caribe.

Es importante tomar en cuenta que los logros educativos de los jóvenes y su lugar de residencia están íntimamente relacionados con sus posibilidades de inserción laboral. Según el informe Empleo juvenil y emprendimiento, los jóvenes con nivel educativo medio (secundaria completa o incompleta) son los que tienen mayores problemas para conseguir trabajo, algo que se ve reflejado en menores tasas de ocupación y más desempleo. Esto sucede tanto en las ciudades como en el ámbito rural. Aunque los problemas de inserción existen en todos los jóvenes, disminuyen bastante tanto en aquellos que tienen educación terciaria completa como incompleta, especialmente en las áreas urbanas. Por otro lado, los problemas de calidad del empleo, en referencia al porcentaje de informalidad, reflejan en general un patrón decreciente a medida que asciende el nivel educativo. Esto significa que la informalidad es claramente menor en los jóvenes con una educación superior que en aquellos con menos posibilidades educativas, llegando en estos casos a niveles muy altos. Esta característica podría implicar que los jóvenes con menos oportunidades de capacitación y desarrollo tienen una mayor flexibilidad y predisposición para aceptar condiciones laborales más precarias, agrega el estudio realizado por el Instituto Iberoamericano para la Investigación y la Productividad.

La voz de los jóvenes

A la hora de escuchar la voz de los jóvenes aparecen gustos y preferencias según las edades. De acuerdo a una encuesta realizada por Trabajopolis.bo entre el 30 y 31 de enero de 2023, en la que participaron 1870 personas, un 24 por ciento de jóvenes de 18 a 24 años, considera que su vida personal y su tiempo para disfrutar son más importantes que ganar mucho dinero, mientras que solo un 19 por ciento de los que hoy tienen 25 a 29 años piensa lo mismo. Al analizar estos resultados, es notorio que a medida que las generaciones se van haciendo más jóvenes la valoración de tener un tiempo de ocio, para ellos, es más importante que llenarse de obligaciones y ganar dinero. Esta tendencia, que en definitiva es mundial, en Bolivia y en el resto de los países latinoamericanos es menor debido a las realidades sociales y económicas más complejas, propias de los países subdesarrollados.

Una consulta virtual realizada sobre adolescentes y jóvenes por la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe reveló que la mitad aspira a tener un trabajo fijo en el futuro, mientras que la otra mitad sueña con ser independientes o emprendedores. Por otro lado, la mayoría no está seguro de que las oportunidades de empleo futuras se ajustarán a su proyecto de vida, donde saben que su realidad les implicará ser más digitales y sus deseos estarán centrados en trabajar más por objetivos que por horas. En cuanto a su percepción del sector privado, lo consideran como un actor clave para ofrecer oportunidades de pasantías, mentorías, desarrollo y certificación de habilidades. Sin embargo, casi un tercio considera que el sector privado requiere habilidades y experiencia que no tiene. Esta última apreciación coincide con la estadística del informe El empleo juvenil y emprendimiento en América Latina y el Caribe que puntualiza que el 80% de los jóvenes carece de un perfil acorde con las necesidades asociadas a trabajos de mayor productividad.

En Bolivia, se observa día a día una dificultad entre las demandas de las empresas y las habilidades que realmente tienen los jóvenes. Las organizaciones buscan perfiles muy puntuales, en general relacionados con la digitalización, que corre a un ritmo vertiginoso, y no da tiempo a los jóvenes a ponerse a la altura de las competencias requeridas. La mayoría de las empresas requiere perfiles tecnológicos con conocimientos muy específicos, y esto es, a veces, difícil de encontrar entre los jóvenes talentos. Para revertirlo y adecuarse a esos pedidos del mercado, muchos jóvenes realizan cursos cortos y específicos con el fin de lograr esos conocimientos. En la encuesta antes mencionada realizada por Trabajopolis.bo, en los jóvenes profesionales de 25 a 29 años, el 84 por ciento reveló haber realizado algún curso corto, con una duración menor a seis meses, para aprender una habilidad u obtener un conocimiento requerido en las ofertas de trabajo actuales. En este aspecto, las universidades bolivianas no estarían ofreciendo, a los ojos de una amplia cantidad de jóvenes, la preparación que necesitan para el mundo laboral, ya que, según esta encuesta, solo el 50 por ciento de los jóvenes profesionales bolivianos de entre 25 y 29 años consideran que su carrera universitaria está acorde a los requisitos que publican las empresas en sus ofertas de trabajo.

Pero esto no es todo, continuando con la consulta virtual realizada por Unicef, casi el 50 por ciento de adolescentes y jóvenes cree que el autoaprendizaje de habilidades es necesario para alcanzar sus metas futuras. Para ellos las habilidades necesarias son las transferibles, las financieras, aquellas específicas para el trabajo y las digitales. En ese contexto consideran que aprender las habilidades transferibles (también conocidas como socio-emocionales o para la vida) es fundamental. Entre estas últimas, destacan el liderazgo, la inteligencia emocional, la creatividad e innovación y la empatía. En este aspecto, según la encuesta realizada por Trabajopolis.bo, el panorama boliviano en cuanto a la preparación de habilidades emocionales es alentador. Un 68 por ciento de jóvenes profesionales de 25 a 29 años consideran que la universidad les enseñó ciertas habilidades que son fundamentales para el trabajo de hoy y del futuro como la flexibilidad, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico, la empatía, la comunicación, el liderazgo y la capacidad para resolver problemas. En este aspecto, la encuesta encontró una amplia brecha generacional, ya que entre los profesionales de más de 40 años, solo un 51 por ciento considera que la universidad les enseñó estas habilidades. Esto es indicativo de que la formación académica en las universidades bolivianas ha empezado a incluir estas habiliades en la última década.

En resumen, es claro que las empresas necesitan incorporar colaboradores con ciertas habilidades y los jóvenes, por su lado, requieren que éstas les brinden las herramientas y la capacitación adecuada para aprenderlas. Lograr esa articulación virtuosa es el gran desafío de los años que se avecinan. En esta transformación vertiginosa, las universidades también tienen un papel clave: formar a los nuevos profesionales, adaptándose a los cambios. Y en ese aspecto los jóvenes necesitan estar acompañados por las instituciones educativas.

En 2020 el Foro Económico Mundial elaboró el informe “Future of Jobs Report”, en donde estipuló que en los próximos cinco años desaparecerán 85 millones de puestos de trabajo, y en su lugar emergerán 97 millones de empleos nuevos - muchos de ellos relacionados con profesiones que ni siquiera hoy existen.

Las habilidades de futuro

Queda claro que mejorar las habilidades, donde además todos tengan equidad de oportunidades, es el gran objetivo en nuestros países latinoamericanos. Estas irán cambiando a lo largo de los años. Sin embargo, en este marco de incertidumbre hay ciertas certezas que marcan el camino, y en ese contexto es inevitable preguntarse: ¿Quiénes son los jóvenes que van a salir adelante?

Según un informe El Futuro ya está aquí del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), ciertas habilidades transversales o fundacionales serán las encargadas de ayudar a competir en el mercado laboral y también a mejorar los estándares de bienestar a lo largo de la vida. Para que el sistema sea sostenible tiene que haber un amplio caudal de individuos que cuenten con estas habilidades, que en definitiva son las que darán el sustento para afrontar la incertidumbre del mundo actual. Se trata de habilidades digitales, de trabajo en equipo, comunicación, creatividad, pensamiento crítico y resolución de problemas. En el siglo XXI también será fundamental cultivar y aprender a lo largo de la vida la perseverancia, la resiliencia, la tolerancia y la empatía.

La perspectiva laboral a la que se enfrentan los jóvenes de hoy y los del futuro rompe con los viejos paradigmas. Ya no solo son necesarios los años de escolarización y universitarios sino también las habilidades que van adquiriendo durante esa etapa. Los cambios en el mundo laboral están siendo más rápidos que en el terreno educativo. Varias de las empresas más innovadoras de Silicon Valley no reparan tanto en el currículum o los títulos universitarios de los candidatos, sino que ponen mayor atención en detectar a través de pruebas prácticas qué es lo que saben hacer, agrega el informe del BID.

Sin dudas, las habilidades transversales son la fuerza que acompañará a los jóvenes a lo largo de la vida y les dará la posibilidad de reinventarse, ser resilientes y adaptarse a los cambios y a esa incertidumbre permanente que estará presente en este siglo. Poseerlas y aprenderlas los ayudará a adaptarse a circunstancias imprevistas y diversas y además, detectar las oportunidades para crecer. En ese aspecto, las cuatro habilidades fundamentales serán: 1) Habilidades digitales (como el pensamiento computacional), 2)Habilidades cognitivas avanzadas (como el pensamiento crítico y la resolución de problemas), 3) Habilidades relacionadas con la función ejecutiva (como la autorregulación y la metacognición), 4)Habilidades socioemocionales (como la autoestima, la adaptabilidad, la creatividad, la perseverancia y la empatía).

La incertidumbre, la realidad cambiante y el aceleramiento tecnológico son los patrones que acompañarán a los jóvenes de hoy y del futuro. Tanto los gobiernos como las empresas y las instituciones educativas tendrán el desafío de potenciar y dar posibilidades de aprendizaje y desarrollo a esta juventud que es la semilla a germinar del mundo que viene.

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