Edadismo en el trabajo: las dos caras de discriminar por edad
Publicado: 5 de septiembre de 2023Los tiempos cambian y con ellos las prácticas de selección de personal en algunas empresas. Vivimos un momento del mundo en el que se intenta más que nunca eliminar estereotipos que la sociedad viene arrastrando desde hace siglos. El mundo laboral no es ajeno a esta movida que busca despejar viejos paradigmas. Algunas acciones aisladas empiezan a romper moldes. Por ejemplo, en los últimos años, ha surgido una estrategia innovadora conocida como "currículum ciego", que implica omitir información personal como fotografías, nombres completos y fechas de nacimiento en los currículums. El propósito detrás de esta iniciativa es combatir la discriminación basada en género, raza y apariencia. Si bien su objetivo principal es promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, también busca evitar la discriminación por edad, un tema del que no se habla tanto pero que va tomando protagonismo. A pesar de esta prometedora medida, los estereotipos relacionados con la edad continúan siendo una preocupación vigente en el ámbito laboral.
“Mi jefe me dijo que tengo toda la vida por delante para recibir un ascenso”, “No me seleccionaron para este trabajo debido a mi falta de experiencia”, “En el anuncio buscan nativos digitales, y yo no lo soy”, "Me dieron a entender que me resultará difícil adaptarme a esta nueva plataforma”. El edadismo es uno de los grandes flagelos de nuestra sociedad, y en el mundo laboral no es una excepción, en especial en las franjas extremas de la vida. Se manifiesta tanto en los jóvenes de 18 a 24 años como en las personas mayores de 45 años. Es un fenómeno sutil que a menudo se presenta de manera inconsciente, con frases como "necesitamos personas enérgicas y altamente capacitadas" o "con una amplia experiencia demostrada". A diario vemos reclutadores que asocian ciertos grupos de edad con falta de experiencia laboral o con métodos obsoletos que no se ajustan a determinados puestos. El mar de fondo de estas situaciones es el edadismo, una palabra que abarca los estereotipos, los prejuicios y la discriminación que ejercen unas personas sobre otras por su edad. Esta dinámica de exclusión afecta tanto a los mayores como a los jóvenes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que esta discriminación está cada vez más extendida: una de cada dos personas en el mundo es edadista.
“La discriminación por edad es una de las formas más habituales de discriminación laboral. Frente a la misma preparación y habilidades suelen ser siempre seleccionados aquellos que están ubicados entre los 25 y 38 años. Esta franja es muy pequeña, y quedan afuera personas que normalmente podrían generar un gran aporte al mundo productivo. Lo terrible es que estos prejuicios suelen provocar daños tanto para las economías de los países como para la autoestima de las personas excluidas”, dice la consultora Clara Blaquier.
Los estereotipos y prejuicios son creencias negativas arraigadas que llevan a suposiciones injustas, dejando fuera del mercado y sin oportunidades a diferentes grupos de edad. “El edadismo se refiere a cómo pensamos, sentimos y actuamos hacia los demás o hacia nosotros mismos en función de la edad. Todos estamos atravesados por esta problemática, porque la discriminación por edad existe en nuestras instituciones, nuestros trabajos, nuestras relaciones y en nosotros mismos. Lo vivimos a diario, cuando entramos a un empleo y nos vestimos con determinado traje para parecer mayores, hasta cuando hacemos todo lo posible para disimular el paso del tiempo, ya sea con tratamientos estéticos como con actitudes juveniles que lejos están de la identidad que tenemos”, agrega la experta.
Según un informe de la OMS, la edad es uno de los primeros aspectos que percibimos sobre otras personas. Este tipo de discriminación se manifiesta cuando la edad se utiliza para etiquetar, segmentar y clasificar a las personas provocándoles un perjuicio, un agravio o una desventaja, algo que en definitiva no promueve la unión y la solidaridad entre las generaciones.
Una encuesta realizada recientemente en Trabajopolis.bo, demuestra que el edadismo está al orden del día. Según los resultados, un 71% de las mujeres (M) y un 63% de los hombres (H) encuestados, perciben que la discriminación por la edad es una realidad existente en el mundo laboral, y más del 55% de ellos la han experimentado alguna vez en carne propia. Las razones que argumentan están absolutamente relacionadas con el edadismo: discriminación por solo el hecho de ser muy mayor (47% H y 40% M), por ser jóvenes (26% H y 23% M), o por no tener suficiente experiencia (49% H y 59% M). Sin embargo, los resultados de la encuesta no se limitan a las experiencias personales. Revelan que tanto mujeres (69%) como hombres (64%) han sido testigos de casos en los que se ha favorecido a empleados más jóvenes en detrimento de aquellos de mayor edad. Estos hallazgos confirman la persistencia de estereotipos y prejuicios relacionados con la edad, que alejan de un entorno laboral justo e inclusivo para todos. La discriminación de este tipo tiene impactos perjudiciales en las personas que la experimentan. De acuerdo a la misma encuesta, la juventud termina en la mitad de la vida. Esta percepción varía según la edad y va disminuyendo cuando se es mayor. De los encuestados, un 39% de varones y un 32% de mujeres opinan que se deja de ser joven a los 40 años. Es curioso ver cómo las respuestas de los encuestados varían en la medida que su edad va avanzando. Para un 39% de los más jóvenes de la encuesta (18 a 24 años) se deja de ser joven a los 40 años. En contraste, solo para 9% de los mayores de la encuesta (55 a 64 años) se deja de ser joven a los 40 años. Estas respuestas demuestran que los seres humanos a medida que envejecemos percibimos que la vejez empieza más tarde.
Ashton Applewhite, una psicóloga y activista muy reconocida en Estados Unidos por su lucha contra este problema, asegura que el edadismo en el ámbito laboral disminuye el amor propio y la confianza de las personas, además de conducir a la exclusión social. Esta forma de discriminación produce también consecuencias económicas, ya que limita las oportunidades equitativas de empleo y restringe la posibilidad de obtener ingresos de aquellos que son discriminados por edad. Según la especialista, preguntarse sobre el envejecimiento es tan imperativo como plantearnos si una frase es sexista o racista. Alguna vez el filósofo e historiador francés Michel Foucault dijo que el poder no solo se ejerce a través de instituciones y reglas explícitas, sino también mediante prácticas sociales y discursos que establecen y mantienen normas y estereotipos. En el contexto laboral, esto se traduce en la imposición de ideales de productividad y éxito basados en la juventud y la apariencia física.
La pregunta es ¿por qué siguen presentes estos comportamientos en la sociedad? “Las razones pueden ser muchas. Por un lado, la cultura deja de lado a las personas que consideran prescindibles o descartables, algo que se potencia en la sociedad individualista que vivimos. Por otro lado, en el contexto laboral, tanto los jóvenes como los mayores pueden ser percibidos como competencia. Los jóvenes pueden representar una amenaza para un puesto de trabajo o un ascenso debido a sus ideas novedosas, su energía, su frescura y su flexibilidad para aceptar salarios más bajos. Los mayores, por su parte, pueden resultar intimidantes debido a su experiencia, sus conocimientos, su cintura para resolver situaciones difíciles, su conocimiento y sus salarios más elevados. Estas percepciones pueden ser una de las tantas causas de discriminación por la edad, pero en todas ellas hay un patrón común: el temor. Si yo desplazo al grupo que me representa una amenaza, la posibilidad de ser desplazado o superado profesionalmente desaparece” explica Blaquier. Otro aspecto que podría generar una discriminación por edad es el miedo a no tener control sobre determinados grupos. Los trabajadores de mayor edad, a veces, son percibidos como más cuestionadores o desafiantes debido a su experiencia. Los jóvenes por su parte, también pueden ser considerados más desapegados.
El debate sobre la edad adecuada para que los jóvenes ingresen al mundo laboral ha tomado protagonismo en los últimos años, hecho que se refleja en la encuesta realizada por Trabajopolis.bo. Según sus resultados, un 9% de los encuestados ve con buenos ojos que los jóvenes empiecen a trabajar a la temprana edad de 14 años. No obstante, al ampliar la mirada hacia el rango de 14 a 17 años, esta cifra crece a un 29%, lo que sugiere una tendencia favorable hacia la inserción laboral prematura. Sin embargo, la mayoría, representada por un 53%, cree que los jóvenes deberían entrar al mundo laboral recién a partir de los 18 años. Detrás de la cuestión numérica sobre la edad, lo que subyace en esta encuesta es una reflexión profunda acerca de actitudes y competencias de la generación actual. Hay una percepción generalizada de que muchos jóvenes de hoy carecen de las habilidades necesarias para un buen desempeño laboral. En este marco, es inevitable preguntarse a qué se debe esta sensación. Una primera apreciación podría indicar la existencia de un choque generacional. Las generaciones más maduras creían en el valor del esfuerzo y del sacrificio para lograr objetivos y crecer profesionalmente. Los grupos más jóvenes, en cambio, poseen otras expectativas, como priorizar el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, algo que para los mayores puede implicar falta de compromiso y responsabilidad. La mayoría de los adultos piensa que la generación actual en términos reales tiene determinadas actitudes que distan de un buen desempeño. En la encuesta de Trabajopolis.bo, un 50% de hombres y un 35% de mujeres mayores de 35 aseguran que los jóvenes de 18 a 24 años no están preparados para el mundo laboral. Sus argumentos son varios, entre ellos que quieren ser jefes de la noche a la mañana, que no son comprometidos con el trabajo o que tienen poca tolerancia a la frustración. “Estas etiquetas, que seguramente se hayan instalado para definir una generación, eliminan a un enorme grupo de jóvenes que sí son comprometidos y que están dispuestos a esforzarse para obtener sus logros. Las generalizaciones dejan fuera de juego a muchos sectores de la sociedad”, afirma la experta Clara Blaquier.
Según la OMS la discriminación por edad comienza en la niñez y se potencia a lo largo del tiempo. Desde los primeros años, los niños suelen absorber y por lo tanto interiorizar los estereotipos y prejuicios de su entorno. Esta internalización guía sus sentimientos y actitudes hacía las personas de distintas edades y también hacia ellos mismos. Combatir estos prejuicios desde los primeros años de vida ayudará a construir una sociedad libre de edadismo.
El consultor Alejandro Melamed resalta que el liderazgo no está relacionado con la edad, sino con habilidades, competencias y aptitudes. Considera que, más allá de quien esté a cargo, es fundamental establecer una conexión intergeneracional y potenciar el aprendizaje mutuo. Si bien el edadismo es un fenómeno social que existe, también es real que está naciendo una tendencia libre de prejuicios. Un 34% de los participantes de la encuesta de Trabajopolis.bo afirma que nunca se deja de ser joven, sosteniendo que la edad es simplemente un número. Este dato enciende una luz de esperanza hacia un mundo más inclusivo y abierto a valorar la importancia de las diferentes etapas de la vida. Marca un camino hacia una evolución de la sociedad, en la cual los números no serán un límite para desplegar el potencial humano, y donde habrá tiempo para aprender y crecer. Este resultado de la encuesta es una bocanada de aire fresco. De alguna manera sienta precedente que más allá de los años, siempre hay espacio para las posibilidades y la inclusión.
Terminar con el edadismo es tarea de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones académicas, las empresas y también de cada uno como individuo. “Un mundo para todas las edades es un espacio diverso, inclusivo, donde todos aportan lo suyo para generar mejores resultados” concluye Blaquier.
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Actualidad laboral