La pandemia y el impacto laboral en las mujeres
Publicado: 4 de noviembre de 2022La pandemia marcó un antes y un después en el mundo del trabajo. Aceleró, sin dudas, un cambio que se venía gestando y obligó de un día para el otro, tanto a trabajadores como a empresas, a adaptarse a un nuevo paradigma. La transformación de las reglas de juego sumó para muchos, pero restó para otros. En este marco, las mujeres se llevaron la peor parte. La sobrecarga de tareas domésticas, el acompañamiento a los hijos en la educación online combinado con el teletrabajo, produjeron infinitas consecuencias, desde un alto nivel de estrés hasta una reducción en sus horarios dedicados a sus empleos e incluso a la pérdida de los mismos.
A la hora de analizar la realidad, se observaron efectos tanto en la vida laboral de mujeres profesionales calificadas como en aquellas con menor formación. En definitiva, según el informe de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, titulado La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad (2021), “la crisis generada por la pandemia del COVID-19 impactó negativamente en la ocupación y en las condiciones laborales de las mujeres en América Latina y el Caribe, generando un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral”.
Las cifras que marcaron la brecha
De acuerdo a los datos que arroja ONU Women, a lo largo de la pandemia, las mujeres realizaron un 29% más de trabajo de cuidados de niños que los hombres. En Trabajopolis.bo, durante los meses de abril a septiembre de 2020, la cantidad de mujeres que se postularon a empleos cayó aproximadamente 20% con relación a los meses previos al inicio de la pandemia y recién volvió a sus niveles prepandémicos después del retorno de los niños a clases presenciales a principios de 2021. Estos datos son un indicio importante de que la tendencia presente en el estudio de ONU Women también se reflejó en Bolivia. Si menos mujeres se postulaban, era porque una menor cantidad de mujeres estaba buscando trabajo activamente y esto se puede atribuir, por lo menos parcialmente, a que estaban ocupándose de los hijos y centradas en las tareas del hogar. Cuando los niños finalmente volvieron a clases presenciales, esta situación tendió a normalizarse. Esta sobrecarga de tareas domésticas produjo un índice de estrés mayúsculo y las mujeres debieron afrontar una situación inesperada. Al tener que ocuparse del hogar y del trabajo, sus responsabilidades se incrementaron. Tuvieron que dedicar mucho más tiempo a la familia (cocina, limpieza contención emocional a los hijos, apoyo con el estudio) y al mismo tiempo realizar teletrabajo. Pero eso no es todo, una encuesta del Banco Mundial de 13 países latinoamericanos y caribeños, encontró que las mujeres tenían un 44 por ciento más de posibilidades de perder sus empleos cuando llegó la pandemia, en especial en aquellos rubros que fueron más afectados, tales como comercio minorista, turismo, hotelería, restaurantes, y educación. La pérdida de trabajo fue más acentuada en el sector informal, donde un mayor caudal de mujeres de la región está ocupado. En general, 126 millones de mujeres en América Latina tienen empleos informales y, en países como Bolivia, Guatemala, y Perú, 8 de cada 10 trabajan en la informalidad. De los 24 millones de trabajos perdidos entre febrero y septiembre del 2020 en la región, sólo 3 millones sucedieron en el área de la formalidad. Según el informe especial dado a conocer por CEPAL, la tasa de participación laboral de las mujeres en América Latina y el Caribe se situó en 46% en 2020, mientras que la de los hombres en 69% (en 2019 alcanzaron un 52% y un 73,6%, respectivamente). Se calcula, además, que el índice de desocupación de las mujeres llegó al 12% en 2020, porcentaje que se eleva al 22,2% si se asume la misma tasa de participación laboral de las mujeres de 2019. En 2020, explica el estudio, una amplia porción del sector femenino debió retirarse del ámbito laboral para dedicarse a atender las tareas de la casa. Debido a estas exigencias hogareñas, una gran cantidad no pudo volver a buscar empleo. En otro orden de cosas, es importante destacar que, en América Latina con anterioridad a la pandemia, de los 13 millones de trabajadores domésticos, el 91,5% eran mujeres, más precisamente, el sector absorbe el 11,1% del empleo femenino. Durante la primera ola, las tasas de ocupación disminuyeron de manera notable: -24,7% en Brasil; -46,3% en Chile; -44,4% en Colombia; -45,5% en Costa Rica; -33,2% en México; y -15,5% en Paraguay.
El impacto económico
En una entrevista publicada por el Banco mundial, Ximena del Carpio, gerente de la Práctica de Pobreza y Equidad para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, explicó la envergadura del impacto de la pandemia en las mujeres trabajadoras. Según la especialista, la caída en participación laboral femenina tuvo un alto costo para los países de la región. “Un estudio del Banco Mundial estima que mantener las brechas de género en la participación laboral y la educación podría costarle a América Latina y el Caribe en promedio cerca del 14% de su PIB per cápita en las próximas tres décadas”, aseguró. A su entender, hay al menos tres razones que ocasionaron este deterioro. Durante la pandemia, primero, muchas mujeres tuvieron que restringir varias de sus actividades que se realizaban cara a cara, como áreas comerciales y otros rubros que no se prestaban fácilmente al teletrabajo. Segundo, y como se puntualizó en párrafos anteriores, una alta proporción de mujeres trabajaba por cuenta propia y en la informalidad, sobre todo en condiciones de vulnerabilidad que no se prestaban al trabajo remoto. Por último, los hábitos sociales de la región de América Latina todavía ponen a la mujer como centro de las actividades hogareñas. Fue así que debido al cierre de las escuelas y a la necesidad de multiplicar el cuidado de sus familias, tuvieron que sacrificar el tiempo dedicado a otras actividades. Según afirma la especialista, en Chile, cuya situación no está lejos de lo que ocurre en toda la región “ya en tiempos de prepandemia las mujeres dedicaban en promedio tres horas más al día que los hombres a tareas domésticas y de cuidado”. Y agrega que para el 52% de las mujeres que realizaban en ese país trabajo remoto durante la pandemia, se hizo muy dificultoso hacerlo compatible con las tareas hogareñas.
Teletrabajo: las diferencias en el acceso a la tecnología.
Al tiempo de analizar la situación laboral de las mujeres en pandemia, es fundamental distinguir dos aspectos: por un lado, la brecha existente entre las oportunidades de acercamiento a la tecnología de las profesionales con recursos económicos más altos de las de menores ingresos, y por el otro la desigualdad de acceso en materia de género.
Según el informe Digitalización de las mujeres en América Latina y el Caribe, realizado por Iliana Vaca Trigo y María Elena Valenzuela, “la brecha digital se manifiesta de múltiples formas. Se refiere al acceso a dispositivos, (computadoras, teléfonos inteligentes), a la conexión a Internet y a los usos —tanto su intensidad como variedad—. La primera barrera para superar es la del acceso (provisión de infraestructura, difusión de dispositivos, programas de aprendizaje introductorios), pero tan importante como ésta es abordar el desafío de las brechas en el uso y las habilidades que requieren las tecnologías digitales”.
A nivel global, una menor cantidad de mujeres que varones utiliza internet. A los ojos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, en 2019 un 48% de las mujeres en el mundo tenían acceso a internet, en comparación con el 55% de los hombres (ITU, 2019). La probabilidad de que los varones se conecten en línea es 21% mayor en comparación con las mujeres, y esta brecha aumenta al 52% en los países menos desarrollados, que claramente nos compete. Sin embargo, la mayor parte de esta falta de acceso de las mujeres se concentra en las áreas rurales y en los sectores sociales de menores recursos. Esta tendencia no se repite en el sector femenino que habita en las ciudades con mayor poder adquisitivo y formación profesional, que incluso lleva la delantera en comparación con los hombres. Estos datos cobran relevancia al analizar lo sucedido en la pandemia, donde la utilización de internet aumentó impresionantemente. Aquellas que no tenían acceso antes de 2020 siguieron en la misma situación de precariedad. En cambio, las mujeres con mayor nivel educativo fueron más beneficiadas, como se aprecia en las siguientes líneas. En la etapa más crítica de COVID-19, se evidenció más que nunca la necesidad de las tecnologías digitales tanto para la continuidad de la vida cotidiana doméstica (realizar compras, hacer pagos, estudiar) como para el área laboral. “Se estima que en el segundo semestre de 2020 había alrededor de 23 millones de personas teletrabajando en América Latina, más de la mitad eran mujeres. El peso de esta modalidad fue de tal magnitud, que en algunos casos llegó a constituir un tercio del total de mujeres asalariadas que continuaron con una ocupación durante 2020 (Maurizio, 2021). En el segundo y tercer trimestre de 2020 (durante la vigencia de las medidas de confinamiento), entre el 40% y el 60% de las personas ocupadas en trabajos formales, en 6 países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, Perú y Uruguay) con nivel educativo universitario estaban trabajando desde sus hogares” puntualiza el informe, realizado por Vaca Trigo y Valenzuela. Es importante destacar, que casi la totalidad de quienes realizaban el trabajo remoto se desempeñaba en servicios financieros, educación, administración pública, comunicación, marketing y otras áreas calificadas. De acuerdo a una encuesta efectuada en Brasil en mayo de 2020, “un 25% de quienes estaban teletrabajando eran profesionales, 19% correspondía al mundo educativo y 8% del área ejecutiva en puestos gerenciales, una clara sobrerrepresentación respecto al peso de estos grupos en la fuerza de trabajo (5%, 4% y 3% respectivamente)”.
Claramente, las mujeres profesionalizadas, con acceso a la tecnología y ocupadas en los rubros que no fueron afectados por la pandemia, pudieron continuar con sus trabajos de forma remota, más allá del estrés que significaron los cambios de horarios y la vida familiar. Pero quienes quedaron afuera del sistema digital fueron aquellas con menos recursos económicos, que no tenían conexión a internet, poseían mala señal e incluso carecían de dispositivos o el único que tenían debían compartirlo con la familia. En conclusión, tanto las mujeres en zonas rurales de América Latina como en las grandes ciudades que vivían en situación de precariedad, presentaron un colosal rezago en materia de acceso, conectividad y utilización de computadoras y teléfonos inteligentes. A nivel regional, un 67% de los hogares urbanos tiene conexión a internet, lo que representa casi el triple de lo que alcanzan los hogares rurales (23%), situación que es aún más grave en países como Bolivia, El Salvador, Paraguay y Perú, donde más del 90% de los hogares rurales no cuentan con conexión a internet.
Los cambios alentadores
Sin embargo, a nivel empleo, no todo fue desalentador en la pandemia, también trajo cambios positivos para determinado grupo de mujeres con acceso a la tecnología. Más allá del estrés hogareño, muchas vieron la oportunidad para empoderarse creando y potenciando emprendimientos o aprendiendo nuevas habilidades. De esta manera, se produjo un aumento de la productividad de las empresas femeninas. Un estudio del BID (2021) sobre empresas propiedad de mujeres en Chile, Colombia, México y Perú reveló que la utilización de distintas tecnologías digitales básicas aumentó significativamente y el uso de tecnologías avanzadas se duplicó en el primer año de la pandemia. Por otro lado, la presencia en las redes sociales prácticamente se triplicó (75% de las encuestadas) durante 2020, del mismo modo que el uso de herramientas para videoconferencias y mensajería para trabajo remoto (63%). En el marco de este lineamiento de efectos positivos, aproximadamente un año después del arribo de la pandemia, el 46% contaba con una página web activa, el 23% había incorporado sistemas para la mejora de su productividad y el 22% indicó que se encontraba en el proceso de creación de su estrategia digital. Por otro lado, según el informe realizado por Vaca Trigo y Valenzuela, diferentes plataformas de comercio electrónico como Mercado libre, eBay, Amazon, etc.) fueron usados por el 18% de las empresarias encuestadas.
Un futuro que es necesario mejorar
La realidad pandémica y su nivel de incidencia en la vida de las mujeres, deja abierta una deuda pendiente. Muchos países de América Latina están ya implementando cambios, pero aún resta mucho por hacer para recuperar la ocupación femenina y transformarla en protagonista de la vida económica de los países. Es fundamental generar la formación empresarial y apoyar con financiamiento a las empresas lideradas por mujeres. Además, es de suma importancia que sean incluidas tanto en empresas como en gobiernos en los procesos de liderazgo y toma de decisiones.
La cuarta revolución industrial que se vio más que nunca durante la pandemia, transformó el mundo. Miles de millones de personas, por no decir todas, deberían tener acceso a internet para desarrollarse y acceder al mundo del empleo. América Latina necesita un cambio estructural con perspectiva de género que abra un camino para el desarrollo de habilidades y conectividad para un desarrollo sostenible. Solo así las mujeres podrán acceder a nuevos empleos. Además, es necesario realizar acciones positivas en cuanto a políticas laborales, sociales y fiscales para ayudar a las mujeres a recuperar muchos de los logros que habían adquirido antes de la pandemia. Sólo así el futuro laboral de las mujeres las pondrá en el lugar que se merecen.
Categoría:
Actualidad laboral